Vendo hielo al mejor postor
en la tierra de la nieve,
un frío blanco,
y dientes.
Vendo dientes amarillos
de un ex fumador,
a veces sonrien,
y mienten.
Vendo mentiras sobre el amor
metidas dentro un sobre,
nunca llegan al destino,
y van sin nombre.
Vendo nombres a quién los perdió
o se les olvidó
porque nadie llamase,
y duele.
Vendo mi número al mejor postor
y que se quede
el frío
las sonrisas
las mentiras;
y con mi nombre.
domingo, 1 de marzo de 2015
Como si no fuera al revés.
domingo, 15 de febrero de 2015
Ya no.
Solo tú y yo.
Ábreme.
¿Comprendes?
Se hará de día,
ya es de noche
en los ecos nuestras voces.
Se hará de día,
ya es de noche
en el jardín mis flores.
No dejes que nadie haga vasos de los cristales.
Vístete de verja,
de seda.
Pecado prohibido.
Privado, sólo mío.
La luz de los semáforos te favorece.
Quiero ser el verdugo,
y aplastarte.
Rodearte entre los brazos del veneno,
desmayarte sobre mi pecho,
que olvides.
Solo tú y yo.
¿Comprendes?
Será de día,
pero es de noche.
sábado, 31 de enero de 2015
Espacio.
S i l e n c i o
En la danza del viento
y pendo de la rama,
la rama que aboca al vacío,
la tela que rasga.
Y en el grito desesperado
de una canción que no acaba
dormirá el frío entre nosotros
tal vez en el día escampa.
R u i d o
En la furia de las letras
en el abismo que impera,
en el tacto sinuoso,
el movimiento de una culebra.
Y son las vívoras que me llaman
me piden que me una a ellas
dormirán nuestros cuerpos separados
tal vez despertaremos en guerra.
No hay mayor superlativo
que el viaje en carretera,
imita y nos juega.
Me arrancaré el vestido
suplicando que vuelvas.
P e r o
Es tarde y hay vacío.
Y hay vacío porque fue ruido.
En el ruido del silencio,
es ahí donde te pierdo.
martes, 18 de noviembre de 2014
Y si no, también.
Últimamente me ronda la misma idea sobre las trascendencia. Por qué las personas anodinas tenemos que vivir.
A veces, y durante un rato, saltaría por la ventana. Solo para ver mi materia esparcida por el suelo. ¿No crees? Absurdo. Eso sería absurdo.
Solucionar una vida triste con un acto aún más. Pero ya no sé qué me queda.
Las calles son un cajón de sastre, y cuando los hilos se me enredan, me caigo al suelo, con la buena suerte de partirme los dientes y así no sonreir más.
Ridículo. ¿No crees?
Totalmente ridículo. Y aún encima te ríes. Pero qué vas a hacer si no. Al resto de seres insignificantes, les aburre la tristeza.
Entonces, si a mí no me aburre, ¿es por qué soy significante? No, no lo creo.
El día que den premios a las lágrimas más oscuras, ese día, no se me ocurrirá ni por asomo, ver mi cara contra el asfalto.
jueves, 6 de noviembre de 2014
La luz al principio del tú.
La linterna, como un faro,
alumbró la noche,
y la luna,
fue nuestra luna,
la más brillante.
Y surgió una declaración de guerra:
nunca más tembló el pulso
desde la vista del Vesubio,
donde alguien contempló nuestra tragedia.
Y como brillantina
no me mirarán las estrellas.
Se reirán de tu sonrisa,
y pagaremos mis cuentas,
fusilarse las pestañas
y pedir por ti en un poema:
de verdad,
lo prometo,
nadie se creerá nuestro secreto.
(Para todos los gatos que acampan
en los tejados esperando su porvenir.)
lunes, 27 de octubre de 2014
Relatividad muy relativa.
Ayer sentí un temblor. Algo parecido a un terremoto. Pero más pequeño. Y más grande. El aire viciado se colaba por una rendija de la ventana, envolviendo mi cuerpo en un extraño sopor. Hacía un calor asfixiante, el sudor me recorría la columna, y arrastrándome por el sofá, acabé en el suelo.
D. me buscaba con la mirada.
No podía hablar. Hacía tiempo que su voz había perdido todo el color, la forma, y rara vez inundaba mi espacio. Puso los ojos en blanco a la vez que bostezaba.
Dando tumbos por el suelo, le hice señas. La habitación se contoneaba y yo no podía hacer nada.
D., abre la puta ventana.
Una fina capa de polvo se posó sobre nuestros cuerpos. Me rendí a la soledad del silencio. Ya no esperaba ningún cambio. Nos estábamos muriendo.
D., no quiero morir.
Pero D. lloraba sobre la mesa. Sus ojos decían que lloraba, porque no emitía ningún sonido.
Fue entonces cuando la habitación dejó de danzar para trasladar el sinuoso movimiento a mi cuerpo. Noté un pinchazo que me erizó de la cabeza a los pies. Y comencé a retorcerme.
En ese momento ví el aire, transparente, amargo. Probé el sudor del dolor, y grité.
D. me miró como si no me conociese.
Gesticulé como pude, pidiendo ayuda, esperando que me levantara. Pero D. no quería verme. No quería verse.
Intenté emitir un aullido, pero tenía la lengua espesa, la garganta me sangraba.
D. rompió todos los espejos que encontró. Hizo dos montones y hundió sus puños, reflejando la grotesca escena en su piel.
Me dijo: que le jodan a la suerte.
Y yo me desmayé.
En un sueño ví el rostro de A., B. y C.
Cuando desperté hoy, sentí el impulso de preparar seis tazas de café.
domingo, 19 de octubre de 2014
Ojalá.
-¿Sí?- inquirí