domingo, 12 de abril de 2015

ADN.

El infierno lleva mi nombre
de mujer-peligro
de mujer poeta.

Sufro las inquietudes de una especie
que no es la mía
que sobrevive gracias a la caridad
de los extraños vagabundos
que pueblan mis calles;
las autopistas que rigen cada una de mis terminaciones.
No tenemos hogar
ni lo queremos.
El mar siempre llevará nuestro apellido
se lo crean o no los marineros.
No tenemos nada
ni lo queremos.
Esta tristeza es una creencia compartida
una tortura añadida
al complejo de ser extraños de ojos negros
cuando dios los hizo a todos ciegos.

lunes, 6 de abril de 2015

Esquelas y secuelas.

He muerto tantas veces
que el hecho de venir aquí
cruzar el túnel
ver la luz
avanzar a la luz
tocar la luz
es lo más parecido a la vida,
a la suerte de no llorar
por las esquinas,
a las flores frescas
al no abrir los ojos
y jugar al escondite con los desconocidos.
Compañero de nicho
tumba a tumba
sepulcro cerrado
no caen en el aburrimiento de mi cíclica existencia
de viajes al otro mundo
y vuelta al de los atareados
intransigentes
peleados
tristes
huídos
putrefactos.
He pedido ida y vuelta
porque me gusta el olor a gasolina,
pero de tantas veces que he recorrido este camino,
no sé si yo soy el vivo
o si los que me lloran también se han perdido
y ya no tienen pulso en la nuca.

domingo, 1 de marzo de 2015

Como si no fuera al revés.

Vendo hielo al mejor postor
en la tierra de la nieve,
un frío blanco,
y dientes.
Vendo dientes amarillos
de un ex fumador,
a veces sonrien,
y mienten.
Vendo mentiras sobre el amor
metidas dentro un sobre,
nunca llegan al destino,
y van sin nombre.
Vendo nombres a quién los perdió
o se les olvidó
porque nadie llamase,
y duele.
Vendo mi número al mejor postor
y que se quede
el frío
las sonrisas
las mentiras;
y con mi nombre.

domingo, 15 de febrero de 2015

Ya no.

Solo tú y yo.
Ábreme.
¿Comprendes?

Se hará de día,
ya es de noche
en los ecos nuestras voces.
Se hará de día,
ya es de noche
en el jardín mis flores.

No dejes que nadie haga vasos de los cristales.
Vístete de verja,
de seda.
Pecado prohibido.
Privado, sólo mío.

La luz de los semáforos te favorece.
Quiero ser el verdugo,
y aplastarte.
Rodearte entre los brazos del veneno,
desmayarte sobre mi pecho,
que olvides.

Solo tú y yo.
¿Comprendes?

Será de día,
pero es de noche.

sábado, 31 de enero de 2015

Espacio.

S i l e n c i o
En la danza del viento
y pendo de la rama,
la rama que aboca al vacío,
la tela que rasga.
Y en el grito desesperado
de una canción que no acaba
dormirá el frío entre nosotros
tal vez en el día escampa.

R u i d o
En la furia de las letras
en el abismo que impera,
en el tacto sinuoso,
el movimiento de una culebra.
Y son las vívoras que me llaman
me piden que me una a ellas
dormirán nuestros cuerpos separados
tal vez despertaremos en guerra.

No hay mayor superlativo
que el viaje en carretera,
imita y nos juega.
Me arrancaré el vestido
suplicando que vuelvas.

P e r o
Es tarde y hay vacío.
Y hay vacío porque fue ruido.
En el ruido del silencio,
es ahí donde te pierdo.

martes, 18 de noviembre de 2014

Y si no, también.

Últimamente me ronda la misma idea sobre las trascendencia. Por qué las personas anodinas tenemos que vivir.
A veces, y durante un rato, saltaría por la ventana. Solo para ver mi materia esparcida por el suelo. ¿No crees? Absurdo. Eso sería absurdo.
Solucionar una vida triste con un acto aún más. Pero ya no sé qué me queda.
Las calles son un cajón de sastre, y cuando los hilos se me enredan, me caigo al suelo, con la buena suerte de partirme los dientes y así no sonreir más.
Ridículo. ¿No crees?
Totalmente ridículo. Y aún encima te ríes. Pero qué vas a hacer si no. Al resto de seres insignificantes, les aburre la tristeza.
Entonces, si a mí no me aburre, ¿es por qué soy significante? No, no lo creo.
El día que den premios a las lágrimas más oscuras, ese día, no se me ocurrirá ni por asomo, ver mi cara contra el asfalto.

jueves, 6 de noviembre de 2014

La luz al principio del tú.

La linterna, como un faro,
alumbró la noche,
y la luna,
fue nuestra luna,
la más brillante.
Y surgió una declaración de guerra:
nunca más tembló el pulso
desde la vista del Vesubio,
donde alguien contempló nuestra tragedia.
Y como brillantina
no me mirarán las estrellas.
Se reirán de tu sonrisa,
y pagaremos mis cuentas,
fusilarse las pestañas
y pedir por ti en un poema:
de verdad,
lo prometo,
nadie se creerá nuestro secreto.

(Para todos los gatos que acampan 
en los tejados esperando su porvenir.)