viernes, 16 de mayo de 2014

Cometas.

(No sé si busco personas, ciudades o cicatrices en forma de cometas)

Porque llevo las estrellas en los brazos, y
aunque el corazón late despacio
quedan noches por delante.

Y cantarán las gaviotas
para mí su melodía.
Y volarán los globos
como si tuvieran vida.

Y al final, cuando no quede nada
se tatuará la rama
que nunca estuvo podrida.

martes, 6 de mayo de 2014

Y yo, y yo.

Cuando jugó a querer nunca pensó en que fregando los platos, rompería aquel vaso. 
Ni que se cortaría con los cristales.
 
Tampoco reparó en que los armarios son muy pequeños,
y que le gustaba el baño limpio, 
la pasta de dientes bien cerrada, 
y la tapa bajada.

Cuando se le ocurrió madurar, 
olvidó que los despertadores no dejaban de sonar por mucho que los golpeara. También que los abrazos nunca estaban de más.

Cuando él la miraba, nada se paraba. Ni había fantasías, ni mariposas volando. Si la besaba, cerraba los ojos y no veía firmamentos por su espalda, ni cohetes directos a la Luna en un vuelo sin escala.

Cuando él le dijo 'te quiero' ella enmudeció. Se limitó a hundir la cabeza en su pecho. Y así fue como mundo se resumió en un 'yo también.'

domingo, 27 de abril de 2014

Línea 42.

La soledad le había dado el poder para detectar las cosas rotas. Por eso decidió desprenderse de él. Y por mucho que el barco fuera a hundirse sin capitán, el ancla estaba levantada.
Ni siquiera se preguntó por qué había tomado ese autobús huyendo de sus demonios mientras la lluvia le revolvía el estómago.
Nadie la miró cuando abrió el bolso y rebuscó en él la paz anhelada por los descorazonados. Y cuando la última pastilla descendió por su garganta, lo único que pudo leer fue emergencia de salida.

viernes, 18 de abril de 2014

Paradójicamente hablando.



Si te vas, qué me queda. 
Vamos, dímelo.
Si te vas qué me queda.

Y no hablo de la soledad, ni del vacío.
No hablo de inviernos sin mantas o de espejos rotos.

Quiero saber que hay esperanza
y que no la he perdido
aunque me sienta pequeña, diminuta
enana blanca hecha de lágrimas.
 Dime que no me he perdido en el laberinto de Alicia
ni que el tiempo corre y corría (y correrá en mi contra)
aunque acabe perdidamente loca
y me hunda en mis ojeras.

Pregúntame si estoy bien, si he comido
si parece que lloverá el domingo
si la película fue mala
y el café estaba frío.

Sé porque sé 
y porque vivo 
y respiro
que yéndote 
me quedará marcada 
a fuego
en mi cuello,
la señal del olvido.



jueves, 20 de marzo de 2014

Éxtasis o como pisar pétalos de cerezo.

Voy caminando. Despacio. Silenciosa.
Ya nada es lo que era, pero no me importa.
No viviré en las ciudades que había imaginado,
creo que las enterraron,
junto a fosas comunes de sueños despedazados.

La gente no me mira. Las aceras están vacías.
Alzo una bandera blanca, como si sirviera de tregua.

Pero entre tú y yo, no hay guerra ni paz
ni gloria, ni sangre derramada.
No somos soldados en el campo de batalla,
ni tiros por la espalda.
Solo sé que no se nada.

Y qué si me apetece odiarme.
Voy a mirarme en el espejo hasta vomitar flores
y tragarme las espinas.

No intentes detenerlo,
la calle sigue vacía.

domingo, 9 de marzo de 2014

Ni Romeo ni Julieta.

Van de la mano. Por la avenida. Con el corazón asfixiado en la garganta. 
Dolor acumulado, que estallará. Le deshará la sien en hilos escarlatas, combinando los semáforos. Mientras él no le suelta la mano. La aprieta aún más, para equilibrar su corazón, extraño.

El viento mueve las palmeras, y le recuerda la playa. El mar. 
El sonido de la puerta cubierta por la cortina de conchas, tintineantes. 
Pero le agobia. Le duele. Que lo que fue tanto no sea nada por la mañana. 
Y desaparezca en las aguas, en colinas sucias, en ojos rebosantes de lágrimas y la falsa hipocresía.
 
Y se detiene, porque no respira. Se le está olvidando como vivir su propia vida mientras el reloj avanza y la desgañita. 
Y silencioso, no le suelta la mano, ni la mira. Porque en el fondo su rabia es aún más rabiosa, por el imperativo del enamorado, y del que siente la pérdida clavada en las costillas.
 
Y llegan al fondo de la avenida. 
Y se pierde el llanto entre la noche, bien ceñida a su nuca. 
Y se miran.
Se dicen que se aman, como la promesa del que pierde, de que esa velada romperá el alba con cien mil honras fúnebres.

jueves, 2 de enero de 2014

Acuérdate de mí.

Igual es que no servimos para esto.-le espeté mientras le sacaba a rastras de mi vida. Y así fue como dejé escapar todos mis trenes, ya no queda ninguno para mí.
Me marchité silenciosamente como una rosa negra, cubriéndome de espinas, desgarrando a mi paso.
Todavía el sonido de la lluvia al caer me trae una imagen vívida de tu rostro, inútil. ¿Acaso tú te acuerdas de mí?
Si los trenes salen, las estaciones cierran, el tiempo avanza, la niebla espesa y el frío llega... Si la vida sigue y desgasta y continua y mata, ¿por qué no puedes acordarte ni un poco de mí?