Cuando jugó a querer nunca pensó en que fregando los platos, rompería aquel vaso.
Ni que se cortaría con los cristales.
Tampoco reparó en que los armarios son muy pequeños,
y que le gustaba el baño limpio,
la pasta de dientes bien cerrada,
y la tapa bajada.
Cuando se le ocurrió madurar,
olvidó que los despertadores no dejaban de sonar por mucho que los golpeara. También que los abrazos nunca estaban de más.
Cuando él la miraba, nada se paraba. Ni había fantasías, ni mariposas volando. Si la besaba, cerraba los ojos y no veía firmamentos por su espalda, ni cohetes directos a la Luna en un vuelo sin escala.
Cuando él le dijo 'te quiero' ella enmudeció. Se limitó a hundir la cabeza en su pecho. Y así fue como mundo se resumió en un 'yo también.'